La intolerable tolerancia.

“No hay nada más raro en el mundo que una persona a la que siempre podamos tolerar”. Así se refiere el poeta Giácomo Leopardi sobre una de las condiciones vitales para crear equipos sólidos y relaciones constructivas. En la tolerancia está una semilla para el desarrollo del liderazgo y la efectividad organizacional.

Nos apoyaremos en cuatro premisas expresadas por Mahatma Gandhi, para valorar el enorme impacto de esta virtud en el desafío de construir verdaderos equipos. Primera: “Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerles remedio”. Es bien molesto que un miembro del equipo requiera a los otros lo que él mismo no está aportando. Lamentablemente, hay personas en posiciones de poder que tratan de ocultar esa contradicción con actitudes autoritarias que no dejan espacios para recibir retroalimentación al respecto.

La segunda premisa es que la violencia es el miedo a los ideales de los demás. Un jefe o miembro intransigente y falto de humildad, erradica el debate de ideas frente a frente para evadir el riesgo de reconocer que no detenta el monopolio de la verdad. Oprimir y minimizar a los demás, es apenas una postergación del triste momento de caer o de ser derribado del falso pedestal de inequívoco. La sensación de que al final los otros podrían tener razón es molesta y difícil de digerir, nos recuerda Gandhi.

La tercera premisa es aun más contundente: “Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”. El irrespeto y la intolerancia mutua tienen un destino: el fracaso del equipo o la ruptura de relaciones interpersonales. Esforzarse para que el otro termine más afectado que nosotros en un conflicto no nos exime de padecer amargura, frustración, ira, decepción, tristeza y pérdida de paz interior. Un ambiente de trabajo permeado por rechazos recíprocos es desgastante, aniquila la energía y desvirtúa la razón de ser del equipo.

La intolerancia es válida cuando se defienden valores, dignidad personal y principios. Para Gandhi, “lo lamentable de las cosas malas que hace la gente mala es el silencio de la gente buena”. Conforme a esta cuarta premisa, si un equipo posee un pacto explícito de esos principios y una férrea disciplina para vivirlos, es fácil imaginar la gran altura de su techo de crecimiento. En él no se confunde la tolerancia con la indiferencia, pues los miembros son proactivos y críticos severos para proteger la identidad ganadora de su equipo.

Los nocivos “intolerantes de la tolerancia” podrían experimentar pasarse de bando, al menos por unos días, para constatar el aprecio de sus colegas porsu contribución para elevar la mística, la cohesión y la productividad del equipo.

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