Columna # 950: ¿Qué año te espera… en tu organización?


Un inicio de año es también una oportunidad para reafirmar un compromiso con nuestro bienestar, felicidad y gozo integral. ¿Qué tal si dedica unos minutos a examinar la ruta que desea recorrer en su ámbito laboral?

En este 2026, nuestra Columna Semanal cumplirá 25 años. Le agradezco profundamente por leerla y compartirla con colegas y amistades. Que este año sigamos cosechando logros y aprendizajes que sostengan lo que hacemos —y lo que somos.

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Todos deseamos que le vaya bien al cliente, a la organización y al equipo. Sin embargo, en el fondo, cada quien aspira —con honestidad— a que también sea un buen año para nuestra vida laboral y personal. ¿Está ocurriendo? ¿Queremos seguir igual? ¿Y a qué costo?

En un ambiente laboral «en paz» también se «sufre». Mejorar resultados, sostener el crecimiento y gozar sus justos beneficios implica soportar incomodidades, cambiar hábitos y perspectivas. Salir de la zona de «confort» es tarea de valientes que rechazan el placer inmediato de lo predecible, el disimulo de sus emociones y la rutina cómoda.

La excelencia personal u organizacional no se reduce a cumplir metas. Es más que eso: exige la disciplina de aprender de victorias y fracasos para mejorar constantemente. El precio de superarse siempre es más bajo —y más valioso— que el costo de no intentarlo.

El disfrute laboral eleva la productividad sostenible. Se nutre de un entorno basado en la confianza, el trato digno y el autodominio; en no tener que negociar el honor, el criterio ni —mucho menos— el autorrespeto y los valores a cambio de estabilidad o permanencia.

Lamentablemente, hay entidades que maquillan hacia afuera una dinámica interna adicta a la jactancia, al reconocimiento fácil y al ego hinchado de ciertos protagonistas. La comparación con quienes tienen más, o son más populares, marca el pulso; y, peor aún, los juegos de poder siembran inseguridad, recelo al juicio, círculos de preferidos y… protegidos.

En una organización donde el miedo no impone la cultura, los líderes toman decisiones difíciles dando la cara, con argumentos y transparencia. No actúan con avaricia para apropiarse de méritos ajenos y llevan por bandera el resguardo de la dignidad de los demás.

El sentido de pertenencia es decisivo para trabajar con mística, gratitud y gozo auténtico. Se sostiene en líderes y colegas sin vanidades, con quienes se conversa sin temores; que estimulan —con humildad— que los demás sean lo que son y como son, también ante ellos.

Un cambio de período de gestión anual es también una ocasión para replantearnos qué queremos para nuestra vida laboral y cuánto autodominio aspiramos ejercer sobre nuestro rumbo. Poder decidir esto inspira libertad y realización que no deberían ser negociables.

Sacrificar la paz interior o el gozo solo para encajar deja una ganancia: comodidad. Forjar un destino, con riesgos e incluso fracasos, implica asumir el sufrimiento que lo acompaña. Quien acepta ese dolor con dignidad suele cosechar éxitos profundos y sostenibles.

El camino de los campeones, en todo ámbito, es jugar con pasión por su propósito superior, disfrutar cada día como si fuera el último y superarse como si fueran a vivir para siempre, dicen los ganadores. Su fuerza nace en su corazón y conciencia, por eso jamás se estancan.