Columna #952: “Dar instrucciones es fácil: lograr que se sigan, no tanto”

Seguramente usted ha sido testigo —y a veces protagonista— de escenarios en los que lo solicitado no se cumple, o de otros en los que, aun con instrucciones claras, no logran traducirse en acciones concretas de ciertas personas. ¿Cómo entender esta dinámica y qué tipo de acción conviene impulsar en cada caso? La respuesta no suele estar en decir más.

¿Por qué, aun cuando se comprenden, no se concretan? En algunos casos, quienes deben seguirlas no conectan emocional ni cognitivamente con la intención buscada. Lo solicitado no les resulta significativo ni lo relacionan con su quehacer diario. ¡Relevancia consciente!

¿Bajo sentido de pertenencia? «Aquí hacemos el trabajo porque lo necesitamos, pero hasta ahí; mientras menos, mejor», dirían algunos. La pertenencia se construye en la confianza dentro de los equipos y, con ella, florece la rendición de cuentas. «Abonar» la cultura.

¿Bombardeo y enredo? Una acumulación intensa de solicitudes u órdenes puede abrumar a cualquiera. Si, además, se suman cambios repentinos, una carga de trabajo mal calibrada y, peor aún, la falta de consideración por el estado emocional y la capacidad de rendir bajo presión, los errores se multiplican y los procesos deben reciclarse. ¡La dosis sí importa!

¿Exceso de confianza? El empoderamiento es clave; no obstante, a veces se confunde con dar unas pocas instrucciones sin verificar su comprensión ni los aportes que el colaborador hará por su cuenta. Una interpretación puede complicar todo. Verificar también es liderar.

¿Credibilidad cuestionada? Alguien lo expresa así: «Aquí no creemos en quien nos coordina: pide una cosa y hace otra; no es congruente». Agrega: «A veces premia a quienes cumplen poco y reprende a quien hizo más». Coherencia y ejemplo: son pilares de la credibilidad.

¿Generalización indiscriminada? Cada persona es diferente, pero cuando no se conocen esas diferencias, se ignora quiénes prefieren creatividad y quiénes orientaciones más precisas. De ahí nacen el apoyo o la resistencia al cumplimiento. ¡Adaptabilidad requerida!

¿Se vale no cumplir? Alguien no hace su tarea y no ocurre nada; otra la cumple y tampoco pasa nada. El equipo se acostumbra a la rutina y el esfuerzo pierde sentido. El estándar de cumplimiento es bajo o errático y no hay consecuencias. Urgencia: base del cumplimiento.

¿Egos y rivalidades? «Nadie me tiene que explicar», «así lo he hecho siempre» y «los demás no saben más que yo» son expresiones habituales entre los «sabelotodo». Pueden llevar a los equipos a competir entre sí en lugar de cooperar. Dosis sugerida: «Humildol 500 mg».

Un líder debe estar atento a estos y otros síntomas y rectificar mediante la medición del cumplimiento, la retroalimentación, el fortalecimiento de la pertenencia, la construcción de confianza y responsabilidad, incentivos y el ajuste de su modo de girar instrucciones.