Columna # 955: Del dicho al hecho… ¿por qué el trecho?

Le saludo desde México, donde he trabajado con grandes empresas caracterizadas por una sólida rendición de cuentas («accountability»). ¿Cómo explicar la diferencia entre organizaciones así y otras en las que un «sí» equivale a «tal vez»?
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¿Es frustrante? Claro que sí. Un acuerdo en firme en el equipo se convierte en un paso en falso: queda en el aire. Un pacto sustentado en la palabra se desvanece sin pudor. Un trato con clientes o proveedores no se honra. ¿Por qué ocurre y cómo evitarlo o, al menos, reducirlo? «El precio de la grandeza es la responsabilidad», señaló Winston Churchill.

¡Usted! Sin importar su posición, cuando ejerce la disciplina de cumplir roles y compromisos, genera confianza. Los demás saben que su palabra es vinculante. Nadie se atreve a irrespetar su ejemplo. Su discurso es coherente con lo que pregona, defiende lo que es justo y no calla por conveniencia.

¡Confianza! Sí, pero papelitos hablan. Puede ocurrirnos una vez, quizá dos; la tercera ya se asume. Cuando el incumplimiento no tiene consecuencias y se ampara en ausencia de firmas y lealtad, corresponde recurrir a acuerdos claros. Eso no debería limar la relación.

Empoderamiento y verificación. En algunas organizaciones se confunde respaldar una decisión con ejecutarla. Todos dicen «sí», pero nadie afirma: «yo me encargo y lo completaré tal día». La ambigüedad es incompatible con el alto desempeño. Nombre. Fecha. Entrega.

Ética y cultura. En equipos con actitud profesional se consolida un «ADN» de rendición de cuentas («accountability»). Todos se exigen de manera mutua y asertiva, requieren poca supervisión y son rigurosos para aprender y corregir desajustes. Decir. Hacer. Cumplir.

Egos bajo control. La ausencia de luchas de poder, celos por la autoría de ideas o competencia por el crédito facilita la ejecución de los planes de acción. El propósito superior de la empresa orienta la humildad y las sinergias internas. La causa primero.

«Sí» pasa algo si nada pasa. Cuando un incumplimiento se visibiliza, se examina con rigor y se asigna responsabilidad con justicia, todos ganan. La indiferencia cede ante la urgencia; culpar a otros deja de ser opción porque existe trazabilidad: quién hace qué y cuándo.

Se vale decir: «No puedo». El temor a reconocer sobrecarga, limitaciones técnicas o conflictos de prioridad genera errores y atrasos. Por eso, los líderes auténticos promueven vulnerabilidad, transparencia y renegociación oportuna. Mejor decirlo hoy. Evita fallas.

Juego limpio. El respeto hacia clientes, proveedores, colaboradores y áreas internas cierra el paso a la manipulación o al silencio frente a lo pactado. Las intenciones a medias o tibias se sustituyen por compromisos serios y efectivos. El respeto se demuestra cumpliendo.

Como consultor visito diversos países y empresas. No atribuyo la cultura de cumplimiento a estereotipos de nacionalidades. Depende de la ética, los valores, el profesionalismo y la rectitud de quienes dirigen y conforman cada organización. Es cuestión de principios.