Columna # 956. “Desapego: fuente de innovación y alto desempeño”

Es paradójico: cuanto más se obsesionan las personas o las empresas con alcanzar sus metas de corto plazo, menos podrían crecer en el mediano plazo. El énfasis excesivo en el resultado inmediato debilita el pensamiento crítico, limita la pausa para el análisis y, sobre todo, reduce la valoración del impacto directo de unas decisiones en otras áreas.

En mis programas de gerencia con liderazgo colaborativo incorporo dinámicas con ciertos «desafíos» que tienen soluciones simples y rápidas. Sin embargo, muchos gerentes se lanzan a la acción en segundos, sin mayor razonamiento previo, y algo que podrían resolver en cinco minutos suele tomarles hasta cincuenta. Al no pensar antes de actuar, vuelven complejo lo sencillo.

El apego a la idea de resolver rápido los desconecta del proceso mismo. Se pierde la noción del tiempo y del costo de repetir una y otra vez lo mismo, esperando resultados diferentes. Así, la ansiedad y la tensión aumentan, mientras la solución parece cada vez más lejana.

Cuando la ofuscación domina, les solicito hacer una pausa con una sola regla: no hablar de la posible solución, sino de la forma en que trabajan, de lo que consideran acertado y de lo que no. Les sugiero modificar el «cómo» para alcanzar el «qué», y todo empieza a cambiar.

Los incentivos por alcanzar metas cumplen función positiva; el problema surge cuando no se consideran las consecuencias de ciertas acciones en otros departamentos, incluso cuando se sacrifica la calidad de vida de los miembros del equipo con tal de obtener el bono.

Un equipo gerencial moderno comprende que, antes de celebrar las metas alcanzadas, debe innovar su forma de ejercer el liderazgo. Reconoce que los resultados son la cosecha de gestionar cada vez mejor los procesos humanos, los técnicos y la cultura organizacional.

Es un equipo que entiende que la verdadera excelencia consiste en hacer las cosas mejor que ayer. Por eso hace pausas y piensa antes de actuar; las repite sobre la marcha para ajustar actitudes, aprender y explorar formas, juntos, con orden, disciplina y creatividad.

«Velocidad no es precipitación», afirma el reconocido director técnico Jorge Luis Pinto a sus jugadores. Una gran ejecución requiere una mente lo más serena posible, capaz de afinar el discernimiento, disfrutar el proceso y actuar con espontaneidad y flexibilidad genuinas.

El desapego a la idea de poder controlarlo todo o de ser perfectos no implica resignación ni aceptación de la mediocridad. Al contrario, es una fortaleza que reduce la búsqueda de culpables y permite concentrarse, con perseverancia, en experimentar mejores soluciones.

Las empresas visionarias viven la pasión por los resultados, pero aún más por lo que los hace posibles: la fuerza del buen criterio colectivo, los espacios de confianza para ajustar desempeños y el compromiso de trabajar de forma extraordinaria, creciente y sostenible.