Columna # 951: ¿Cuál es la ruta a mejores resultados?

¡Obvio, toda empresa los desea! Pero ¿por qué unas los logran con consistencia y otras aún no sostienen con igual firmeza el ritmo? Más allá de los recursos y del entorno, ¿cuáles podrían ser razones de fondo que, en ocasiones, no se trabajan deliberadamente? Hagamos un «viaje retrospectivo», desde los resultados visibles hasta sus raíces no visibles.

Los resultados son la cosecha de acciones cotidianas y hábitos que provienen, a su vez, de actitudes. En palabras sencillas, los logros crecientes no surgen de discursos «motivacionales», sino del mejoramiento real de actitudes y, después, de las conductas.

Demos otro paso atrás. ¿Qué detona una conexión laboral o una actitud positiva? Una emoción estimulada por circunstancias y hechos que, de inmediato, interpreta nuestro cerebro experto en procesar «datos» para dar sentido a lo percibido y decidir una respuesta.

Esos «datos» asociados a los hechos son creencias, memorias de situaciones previas y, especialmente, significados asignados a cada nueva experiencia. Todos estos insumos se mezclan y se procesan en una «fábrica» llamada mente, que crea pensamientos de diversa índole: útiles, inútiles, negativos, positivos, automáticos… y la lista sigue… según cada cual.

Finalmente, esos pensamientos y sus «componentes», que despiertan emociones y guían conductas, son como semillas que siempre se nutren en una tierra profunda: conciencia, principios, ética y valores. Esta ruta puede parecer simplista, pero no es lineal.

El riesgo en un mundo que privilegia lo rápido es que la mente no procese a fondo lo que percibe y se precipite pronto en generalizaciones (decisiones sesgadas), presuposiciones (sin verificación) y distorsiones (exageraciones). Si se parte de ahí, se entiende por qué unas empresas logran mejores resultados que otras. Así de simple. No es magia: es proceso.

El enfoque orienta los pensamientos. Por supuesto, es válido aspirar a altos resultados, pero si se sobredimensionan a costa de la ruta descrita, las consecuencias a mediano plazo pueden ser altamente costosas: un ambiente laboral sin congruencia y logros erráticos.

En el otro extremo, si se privilegia una discusión excesiva de «raíces» y principios, se adormecen la eficiencia y el rumbo hacia las metas. Por eso, las empresas productivas actualizan estas bases y son estrictas al alinear una conducta colectiva orientada al cliente.

Los puentes entre estos cimientos filosóficos de la empresa y sus resultados son las emociones de sus miembros: la conexión entre su pensamiento y sus acciones. Los gerentes líderes mejoran procesos humanos y técnicos; reconocen que, al crecer en su enfoque holístico o integral, los frutos llegarán por la congruencia entre el porqué y el cómo.

Presionar por resultados es fácil; construir una cultura que los sostenga, eso es liderazgo.