Tradicionalmente, en la fecha 20 de septiembre comparto una columna con este tema. Lo reconozcamos o no, cada vez que el calendario marca esa fecha hacemos una especie de «auditoría» sobre el propósito y sentido de lo vivido, sus costos y la forma en que hemos invertido tiempo y recursos. ¿O usted es la excepción y no lo hace? ¿Qué asuntos y preguntas surgen en un día así? Es una pausa para revisar qué hemos hecho con lo recibido.
Propósito. Tener clara nuestra razón de ser y hacer orienta las rutas de vida. Concretar ese propósito implica reflexionar sobre la huella que recibimos de otros y lo que generamos en ellos: ¿crecimiento o lo contrario? ¿Conversaciones que nos transforman y nos hacen mejores personas, capaces de contribuir al crecimiento de quienes nos importan?
Consistencia. Decepciona observar líderes de organizaciones proclamando en sus redes un propósito superior mientras sus decisiones, acciones y servicios lo contradicen. Nadie es perfecto, pero la distancia entre lo que se proclama y lo que se practica pasa factura…
Renuncias. ¿A qué renunciamos o estamos dispuestos a renunciar para vivir con la mayor coherencia? Permanecer en una empresa o con personas cuyos valores no compartimos no es lealtad, sino ceder ante conveniencias incompatibles con nuestros principios.
La tentación del confort, los beneficios materiales o la imagen en las RRSS pueden tener costos en la salud, en la familia y en el desarrollo profesional. Atreverse a soltar puede abrir espacio a una realización más plena e integral. ¡Coraje! Avanzar también exige renuncias.
Futuro. ¿Deseamos que el nuevo período sea solo un «copy paste» de los ya transitados? ¿A qué dedicaremos los años venideros para darles un significado aún mayor? ¿Qué soltar para avanzar? ¿Cómo trasladar esas decisiones a nuestro quehacer en la empresa?
Gratitud. Nadie se «construye» solo. Otras personas nos dejan algo valioso, nos apoyan, cuestionan y desafían a aprender y crecer. Ser agradecidos nos lleva a reconocer, con humildad, cuánto debemos a quienes impulsaron nuestro progreso. La gratitud se extiende también a las situaciones difíciles: aprender de ellas, trascender el daño y ser resilientes.
Reconciliación. No ocurre solo con otros, sino con situaciones del pasado que dejaron heridas convertidas en actitudes. Supone la sabiduría de restarles el espacio que hoy ocupan y abrirlo a relaciones edificantes, elegidas con conciencia. ¡Perdón y desapego!
Relaciones. Calidad de vida es calidad de relaciones. Hay momentos oportunos para elegir con quiénes vale la pena seguir adelante concretando un propósito compartido. Nuestro tiempo no es infinito. Los buenos y verdaderos amigos permanecen… por elección.
Cumplir años es mirar lo vivido con gratitud, el presente con alegría y el futuro con la esperanza de, juntos, recibir y dejar mejores huellas en quienes, como usted, nos importan.
