Columna # 972. IA: ¿creces a la velocidad del cambio exponencial?

“Si la velocidad del cambio en el exterior supera la del interior, el final está cerca”, se atribuye a Jack Welch. Popularmente se dice que, mientras algunos la miran de lejos, la inteligencia artificial (IA) nos mira a todos de cerca. Y no espera. Ni siquiera nos tolera evolucionar linealmente, proyectando el futuro a partir del presente. ¿Estamos preparados?

No se trata solamente de ser mañana mejores que hoy, premisa de la excelencia, sino de pensar exponencialmente y de cuestionar lo que hacemos para atrevernos a crear transformaciones disruptivas. Su alcance tiene un potencial ilimitado en favor de la humanidad si nuestra mentalidad es un campo fértil.

La consigna es declararnos aprendices. La intensidad y la dirección son decisiones de cada empresa y persona, pero esconderse no detendrá el cambio. La IA seguirá su camino con o sin nosotros, la decisión es estancarnos o crecer con ella. ¿Cuál es la suya?

¿Por qué un trámite migratorio tarda quince segundos en un aeropuerto y cinco minutos en otro? Tecnología, automatización y velocidad de los sistemas explican parte de la diferencia. Pero hay algo más profundo: la mentalidad que diseñó el proceso. Una piensa en controlar y acumular trámites; otra en cuáles pueden eliminarse. ¿Cuál predomina en su entidad?

El miedo, la ansiedad y la resistencia que pueden experimentarse ante la inevitable convivencia con la IA disminuyen con preparación, “alfabetización digital” paulatina y experimentación curiosa. Por ejemplo, ¿conversa usted con ChatGPT mediante la voz?

Un simple atrevimiento puede acercarnos a mayores fuentes de información y aprendizaje. En un entorno caracterizado por la agilidad, el dinamismo, las tecnologías emergentes y la proactividad, una cultura organizacional reactiva llega tarde y asume riesgos estratégicos.

No puede haber transformaciones exponenciales sin líderes y equipos capaces de pensar exponencialmente. La paradoja es que en algunas culturas el primer paso no es crear soluciones sofisticadas sino eliminar trámites, procesos y ritos que estorban por obsoletos.

Cuando los líderes impulsan la “sinergia” entre la IA y el talento humano, la transformación deja de ser un asunto tecnológico y se convierte en un asunto cultural. Juntos se potencian.

¿Carencia de recursos? Es posible. ¿Eso justifica atrincherarse? Usted y su empresa conocen la respuesta, pero hay que reconocer que hacerlo equivale a retroceder. La IA no toca la puerta para indagar si queremos abrirla. Ya entró, para invitarnos a crecer con ella.

Avanzar juntos, sí. Los cambios tecnológicos positivos y exponenciales requieren que nuestra mentalidad también sea exponencial y positiva; pero sin claudicar en lo que nos hace humanos: ética, cultura basada en valores, justicia y alineados con un propósito superior.