Columna # 975: “¿Quién inspira a los que deben inspirar?”

Que un gerente se oriente a superar las metas no significa que también esté comprometido con el desarrollo de las personas. Según Gallup, el compromiso de los gerentes con sus empresas cayó del 31% en 2022 al 22% en 2025. Además, a escala mundial, solo el 20% de los trabajadores se siente realmente comprometido con su organización. ¿Qué sucede?

Como consultor en gerencia con liderazgo conozco empresas y gerentes que escapan a esas alarmantes cifras. ¿Qué tienen en común que les permite fortalecer la motivación laboral genuina y el sentido de pertenencia, pilares de una cultura del compromiso?

La presión por alcanzar resultados financieros se equilibra con indicadores de clima laboral, desarrollo del personal a cargo, reconocimiento y confianza. La evaluación del desempeño gerencial es integral; no se limita a cifras que podrían alcanzarse a costa del bienestar y la calidad de vida de las personas, especialmente en el ámbito familiar.

«En esta empresa me cuidan para que yo cuide a mi gente. Es una obligación que asumo con gusto y compromiso», afirma un gerente de nivel medio de una empresa exitosa. «No se vale impresionar al jefe agotando la energía y motivación de quienes me reportan», añade.

Las exigencias competitivas, la incertidumbre, las sobrecargas laborales y los cambios acelerados e imprevistos forman parte del entorno empresarial actual. Todo gerente lo sabe. Lo que desmotiva es que se ignore la realidad que enfrentan: agotamiento físico y mental, pérdida de motivación por carecer de recursos acordes con las metas fijadas y otras dificultades.

La interacción continua, formal e informal, entre gerentes generales, vicepresidentes, mandos medios y equipos de base aporta realismo, sinergia y una comprensión más profunda de lo que cada uno necesita de los demás para alcanzar resultados sostenibles.

Esos intercambios humanos, libres de egos y jerarquías, favorecen la unión en torno a un propósito compartido, con márgenes de autonomía claros y flexibles y estimulan la capacitación y el coaching o acompañamiento mutuo, como medios para crecer juntos.

Así se cultiva una cultura de confianza: las personas se sienten alineadas, comprendidas, preparadas y reconocidas por su valor humano, más allá de los números fríos. Crece el sentido de pertenencia y los resultados llegan como consecuencia. ¿También le sucede?

Según Gallup, el 70% de la variación en el compromiso del personal se relaciona con el gerente. ¿Será por eso que hoy cobra mayor valor la formación en prácticas de liderazgo humano, sencillas y centradas en situaciones propias de la empresa, no en casos ajenos?

Los líderes trascendentes de la alta gerencia mantienen siempre viva la llama de quienes dirigen a otros, conscientes de que, para inspirar, también necesitan sentirse inspirados.