“¡Feliz…! ¿Pero qué es la felicidad?”

En ciertas épocas del año se expresan, se escuchan y se leen pensamientos recíprocos de felicidad. Lo curioso es que, pese a ser de uso frecuente, este término es definido de diferentes maneras. ¿Cuál es el suyo y cómo lo aplica al tomar decisiones cruciales en su vida? ¿Cómo podría concretarse en las organizaciones? Apoyémonos en grandes líderes y pensadores …

Ortega y Gasset: “Felicidad es la vida dedicada a ocupaciones para las cuales se tiene vocación”. Si lo que pensábamos que iba a ser nuestro paso por una empresa realmente es lo que vivimos en ella, si confluyen la profesión, la vocación y la acción; entonces, se podría afirmar que −como resultado de integrar esa organización−somos laboralmente felices. ¿Le sucede a usted?

Madre Teresa: “Las personas más felices no siempre tienen lo mejor de todo. Solo sacan lo mejor de todo lo que encuentran en su camino”. No buscan tener más, sino ser más. No pretenden recibir recompensas sino darse por una causa. Así, en una empresa, mientras algunos buscan poder y aplausos, a otros les basta servir en silencio, bajo el dictado de sus principios.

Aristóteles: “La felicidad depende de nosotros mismos”. La definió como el máximo anhelo humano, al cual se llega cultivando a diario las más elevadas virtudes. Las empresas con propósitos profundos inciden en que sus miembros alcancen un desarrollo integral, de ahí que sus conceptos de vida y una labor plena de mística estén alineados.

Nietzsche: “Felicidad es el sentimiento de que el poder crece, de que una resistencia queda superada”. No debe confundirse con dicha o estar bien. Al contrario, se es feliz cuando a base de fuerza, espíritu de lucha y voluntad se superan adversidades, se afianza lo que deseamos ser y lograr. ¿Labora usted para una empresa en la que se siente esa inspiración sin tregua?

Lao Tzu: “Si estás deprimido, estás viviendo en el pasado. Si estás ansioso, estás viviendo en el futuro. Si estás en paz, estás viviendo en el presente”. La felicidad parte de la conciencia que se posea del aquí y el ahora. Por tanto, si no se aprende del pasado, se corre el riego de traerlo infructuosamente al presente. Esto no ocurre en compañías libres de excesos de pasado y futuro.

Dalai Lama: “Cuanto mayor sea el nivel de calma de la mente, tanto mayor será la capacidad para disfrutar la vida”. Se es feliz cuando se alcanza un equilibrio entre intelecto y corazón, sus frutos son el amor, la compasión, la amabilidad… Esa calma nace en la comprensión del valor propio, máxime en una empresa cuyo centro es la persona en todas sus dimensiones, no su recurso.

Papa Francisco: “Vuestra felicidad no tiene precio ni se negocia; no es un “app” que se descarga en el teléfono móvil”, expresó a miles de jóvenes. Además, les advirtió que el camino es vivir con pureza de corazón y misericordia; aunque lamenta que “(…) lo que el mundo alaba es el éxito a cualquier precio, el poder como fin en sí mismo y la autoafirmación a expensas de los demás”.

Si bien las definiciones son innumerables, tienen algo en común: la felicidad nace en el interior de cada persona. Y si usted es feliz, sus acciones en todos los ámbitos lo reflejarán… ¿es su caso?

One Response

  1. Roy Ross dice:

    Excelentes pensamientos. Somos lo que pensamos.
    Los momentos felices son estados fisiológicos del cerebro que pueden ser generados por nosotros mismos. Esto lo ha demostrado la neurociencia. Somos responsables de nuestra propia felicidad. Se ha demostrado que las personas infelices tienen un cerebro menos inteligente, menos ágil, menos creativo

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