Mi jefe anterior versus el actual

«Admiro a mi nuevo jefe porque es transparente, justo y equilibrado», me comenta una persona que, en una misma institución educativa, ha trabajado con dos jefes cuya manera de dirigir es radicalmente opuesta. Entonces, la invité a que los caracterizara a partir de los títulos «anterior» y «actual», para que usted −desde su propia experiencia− compare y saque sus conclusiones…

El «anterior» no aceptaba que se le cuestionara ninguna decisión y evidenciaba molestia si su opinión era rebatida. En las reuniones, monopolizaba el uso de la palabra y dictaba cátedra acerca de sus conocimientos en todos los campos posibles. Le satisfacía ser escuchado y, más aún, comunicar sus decisiones; aunque sin rastros de empatía ni de conciencia del impacto de estas.

En el plano no formal, era ameno, imaginativo y hasta amigable; pero una vez que desempeñaba el papel de jefe, todo cambiaba. Cegado por el poder, sus conductas eran desconsideradas, ignoraba el efecto de sus acciones en todo aquel que no formaran parte de su círculo incondicional. Así, su vasta aptitud profesional se desdibujada con su deficiente actitud personal.

El «actual» no solo invita al equipo a retar sus ideas, sino que, mediante la escucha atenta, hace explícito el valor de sus contrapropuestas. Su gestión es abierta y flexible. En las sesiones del equipo, suma las ideas de todos, encuentra algo útil en cada planteamiento. Aparte de combinar las perspectivas, los induce a visualizar el impacto de sus decisiones. Con comprensión y empatía, les asegura que −por difícil que parezca el escenario− siempre se optará por las que sean justas.

El nuevo jefe es natural y sencillo, no sufre «mutaciones» cuando la interacción se da en un contexto más informal. Ahí, su alto sentido del humor es el mismo que exhibe en la oficina, creando un ambiente de trabajo alegre y respetuoso al mismo tiempo. Aprovecha toda ocasión para hacer sentir importante a cada miembro de su equipo, lo negativo lo conversa en privado.

El «anterior» juzgaba las situaciones y a las personas subjetivamente, empleando calificativos ofensivos. Sus juicios de valor eran emitidos públicamente, se sustentaban en comentarios, rumores o simples conjeturas que, además, disfrutaba escuchar. Conscientes de que solo atendía lo que era agradable a su oído, pocos se defendían o se atrevían a comentarle algo.

Su «mutable» temperamento generaba tensión en el equipo: ahora alzaba la voz para descalificar a alguien, por ejemplo; pero más tarde, a esa misma persona, le enviaba una felicitación a su correo. Tal desequilibrio, pese a sus atestados y experticia, le restaba credibilidad y confianza.

El «actual» tiene tres reglas de oro: a) verificar antes que juzgar; b) las personas tienen derecho a defenderse de cualquier acusación o de aclarar un problema; c) el respeto no es negociable, por lo que no se tramitan quejas ni se emiten opiniones si los aludidos no están presentes. Con estas normas, se ha ganado el prestigio de ser justo y objetivo; también, erradicó la cultura «serruchapisos», existente antes de su llegada al puesto que ocupara alguna vez el «anterior».

Y hablando del jefe «anterior» y del «actual», ¿con cuál se identifica usted? ¿Y a su jefe, con cuál?

One Response

  1. Roy Ross dice:

    Sin duda el anterior es un lider de posicion , el segundo ejerce un liderzgo de influencia, lo siguen por sus comportamientos . Desafortunadamente hay lideres que no entienden esa gran diferencia a obstentar un puesto o posicion creyendo que eso determina su liderazgo. Ademas el sentido de humildad y servicio que debe tener quien lidera hace una enorme diferencia. Gracias por la columna

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