«Código de camerino» versus la deslealtad

En más de dos décadas de estar vinculado con el fútbol, he constatado que el estricto apego a reglas de convivencia es la base de los equipos más sólidos. Cuando la conducta de sus miembros se rige por lo pactado, los efectos tienden a ser positivos. De manera análoga, con resultados crecientes, he impulsado la definición de «códigos de camerino» en equipos gerenciales.

A modo de síntesis, algunas de esas normas son «el camerino es “sagrado” y se respeta», «lo que no se dice aquí no existe», «lo que aquí se habla aquí muere», «afuera nada y aquí todo», «borrón y cuenta nueva, resolviendo conflictos», «primero el equipo», «no se habla del ausente». Como estas, existen otras reglas que promueven la comunicación directa y honesta. La lealtad, el alto desempeño, la cohesión y el propósito de la colectividad están por encima del interés personal.

Sin que ello signifique violar las normas éticas de la empresa o entidad, sus miembros abordan y resuelven todos los asuntos en la más estricta privacidad. Tal como se pactó al ingresar a este, es factible dialogar. Es más, según mi experiencia, en el ámbito del fútbol es innecesario exponer ese sistema de leyes universales de honor en una pared para cumplirlas: ¡se cumplen sí o sí! Estas definen las formas de relacionarse con colegas y externos. Bueno, ¡en los verdaderos equipos!

Fijar reglas contundentes y obligatorias no significa que todo cuanto suceda en el «camerino» sea paz y armonía. ¡No! En ocasiones hay confrontaciones serias, incluso entre jugadores y técnicos, entre gerentes y colaboradores. Precisamente, eso es lo que se procura al pactar que ―bajo un compromiso previo de resolver las diferencias de manera privada― el conflicto es bienvenido; pues con base en él configuran su lógica interna y robustecen la cohesión de grupo.

No obstante, como consecuencia de nuestra humana pequeñez, de vez en cuando aparecen actores que, luego de terminar un proceso mundialista o de haber dejado su puesto, por ejemplo, ventilan situaciones propias del equipo. Algunos lo hacen cuando todavía forman parte de este, así alimentan «juegos políticos» con personajes que, si bien ya no lo integran, ejercen poder de decisión sobre él. Lo anterior, con el agravante de que los aludidos no pueden defenderse.

Los que actúan así intentan ganar protagonismo, mas pierden por completo el ennoblecedor sentido de la palabra empeñada. Con tal de autoeximirse de responsabilidades, de ser atractivos para quienes comparten sus antivalores ―y pueden contratarlos― son desleales hasta consigo mismos. Sin percatarse del daño que le infligen a su conciencia (cuando la tienen, claro), irrespetan todo acuerdo. Ahora bien, como decimos en los camerinos: «El fútbol te lo cobrará…».

Los miembros serios de un equipo deportivo o gerencial honran su firma, son congruentes con sus promesas: ¡su palabra de dama o caballero aún tiene una alta dosis de veracidad! Evalúan periódicamente el cumplimiento irrestricto de lo convenido. Además, reconocen cuándo se han desviado del rumbo y rectifican a tiempo. Detectan con ojo clínico a quienes solo fingen ser…

¿Tiene su equipo un «Código de Camerino»? ¿Cuáles son sus pilares? ¿Cómo lo cumple usted?

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