La rutina de los sabios

Los equipos y las personas desean hacer las cosas cada vez mejor. ¿Qué lo facilita? ¡El hábito de aprender de las experiencias! Aunque parece sencillo, lo cierto es que la falta de disciplina para reflexionar las vivencias conduce al estancamiento o, peor aún, a la repetición de errores. En este sentido, a mediados de los ochenta, David Kolb ―psicólogo estadounidense― diseñó una efectiva rutina de cuatro pasos, que posibilita romper con esos ciclos nocivos. ¡Veamos!

Experiencia concreta. ¿Qué hicimos? Consiste en identificar hechos y situaciones vividas en cierto periodo. Es hacer, por ejemplo, a lo largo de la semana de trabajo, un «inventario» de las realizaciones específicas de un equipo. Imaginemos que ese equipo acostumbra reunirse 15 minutos al cabo de los seis días de trabajo para repasar todo lo acontecido. O bien, que unos padres, dialogando con su hija, reconstruyen lo que esta hizo durante la semana en la escuela.

Observación reflexiva. ¿Cómo lo hicimos? Esos mismos padres instan a la niña a que clasifique sus vivencias en positivas y no positivas. De igual modo, un líder promueve que los miembros de un equipo asuman el análisis del desempeño con una actitud crítica. Al revisar qué hicieron bien o mal, estos desarrollan su criterio, su apertura para reconocer errores y su apreciación de logros.
Las personas que acostumbran «autoobservarse» maduran más rápido.

Conceptualización abstracta. ¿Qué aprendimos? Aquí es el momento de rescatar lecciones de valor a partir de lo observado. Se enriquece conceptualmente el intelecto personal o colectivo mediante patrones y normas: del reflejo de una vivencia emanan nuevos conceptos. Se aportan teorías probadas que ayudan a comprender sucesos, se concretan aprendizajes. Particularmente, los líderes tienen la tarea de llevar a su equipo hacia un nivel superior de abstracción.

Experimentación activa. ¿Cómo practicaremos lo aprendido? Lo esperado es que las cosas mejoren al aplicar las lecciones relevantes. Ahora bien, si no se verifica la validez de estas, la experiencia concreta (paso 1) se convertiría en un círculo vicioso. No siempre se alcanzará el éxito en este retorno a la realidad, pero aun el fracaso proveerá nuevas perspectivas. Así, un riguroso transitar por las fases previas convertirá a la cuarta en la fuente de mejoramiento creciente.

Cincuenta y dos lecciones esperan al equipo que realice esta conversación semanal; trescientos sesenta y cinco prácticos aprendizajes anuales nutrirán el intelecto y el buen criterio del niño cuyos padres, aplicando esos cuatro pasos, le dediquen cinco minutos de diálogo cada noche.

Cada persona u organización puede variar el punto de partida del proceso. Un líder podría impulsar a su equipo a practicar nuevos modelos de gestión, a incorporarlos en sus rutinas; después, todos evaluarían los resultados positiva o negativamente. Sin importar la secuencia seleccionada, la clave es lograr extraer conciencia de las experiencias. Una lectura crítica y reflexiva de estas deriva en los aprendizajes que orientan hacia el alto desempeño, en la actitud receptiva hacia el cambio y la innovación: en el buen criterio, la sabiduría y el entendimiento.

¿Reflexiona usted metódicamente sobre sus experiencias? ¿Ha aprendido de ellas? ¿Qué?

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