Coronavirus: esto también pasará, pero…

El inicio del año 2020 será recordado por generaciones. Se contará que la pandemia del coronavirus transformó drásticamente vidas, conciencias, economías, formas de trabajo, prioridades, hábitos de salud, entre otros. También se relatará que las personas aprendimos, a paso forzado, sabias lecciones, aplicables incluso en tiempos de relativa estabilidad. ¡Revisemos!

«Lo que sí controlo». Anhelamos vivir en un entorno sin riesgos inmanejables, pero carecemos del poder individual para conseguirlo. Ahora bien, ¿qué es lo que sí podemos gestionar? En nuestras manos «¡sí está!» cultivar hábitos positivos, ser precavidos y evitar los «contagios» innecesarios de información inexacta, de la actitud negativa y destructiva de algunas personas.

«Dosis de sano aislamiento». Una pandemia recluye a millones en sus casas y coloca a muchos en cierta soledad, los saca de una intensa vida gregaria por unos días. En unos casos se incrementa la convivencia familiar; en otros, la reflexión individual. Y quizás en ambos haya oportunidad de valorar y replantear aspectos que pasaban desapercibidos ante el «ruido social».

«Aceptación de la fragilidad». Un virus del que se sabe poco quebranta la salud sin notar quién es quién ni quién tiene cuánto. Médicos, artistas de cine, políticos, países pobres, naciones ricas, deportistas de élite, ciudadanos comunes, nadie puede decir: «¡A mí no!» Este baño de humildad invita a redimensionar los egos, los aires de superioridad, de prepotencia y de invulnerabilidad.

«Imaginación encendida». Teletrabajo, intensificación de la comunicación virtual en empresas y entidades educativas, maximización del uso de los recursos, ajustes en la prestación de servicios… De repente, emergió un reto común: encontrar cómo seguir haciendo las cosas de forma distinta. Superada la pandemia, nuevas ideas se habrán incorporado a la vida cotidiana.

«Solidaridad». El cuidado personal, con detalles hasta en la forma de estornudar y saludar, es una expresión de respeto y protección mutuas. Se posponen o suspenden eventos que generan cuantiosas ganancias a pocos para resguardar la salud de muchos. Los empleadores flexibilizan las normas y buena parte de los trabajadores corresponde sacando la tarea de diversos modos.

«Adaptabilidad». Los trastornos por el COVID-19 son incontables: afecta familias, bolsillos, «proyectos país», empresas, agendas, ciencia, etc. Para idear nuevos caminos, nos vemos ante la urgencia de transformar la resignación en resiliencia; la frustración, en serenidad. Quien no consiga esas transformaciones tampoco podrá abrazar las oportunidades que nacen en las crisis.

«Fluencia». Incertidumbre, ansiedad, confianza, enojo, preocupación, esperanza: estas y otras emociones se desatan ante una pandemia. Los estados de negación de la realidad solo agravan sus efectos; pero adoptar la actitud optimista «como si…» permite seguir navegando en aguas turbulentas, fluyendo con inteligencia colectiva y responsabilidad solidaria, no hay opción.

En la Estación Espacial Internacional, están los únicos humanos —quizá— sin riesgo de contagio, y alguno pensará: «Por fin entenderemos que todos somos uno y que siendo uno somos más».

3 Responses

  1. Karin García dice:

    Muy buena columna German, todo pasará, y seremos otros para bien, ma solidarios y solo uno. Un a sola fuerza, mis mejores deseos para ti y tu familia y para toda la familia mundial🤗

  2. Y algo que se estaba dejando de lado, el disfrutar momentos en FAMILIA.
    Excelente articulo.

  3. Max Newman dice:

    Excelente reflexión Dr. Retana, hay una gran oportunidad de cambios para bien en esta crisis, hay de aquellos que no aprendan la lección, serán candidato a otra prueba por haber reprobado la materia. Saludos.

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