Pensar en plural… actuar individual

¿Cómo serían su país, su comunidad y su empresa si todos actuaran como usted? Los momentos de crisis e incertidumbre ponen a prueba los principios básicos de convivencia: afloran instintos inimaginables. Si bien cada cual reacciona de distinta manera, toda acción individual tiene un inevitable impacto social. Las encrucijadas obligan a tomar decisiones, ¿cuáles son las suyas?

«De la conducta de cada uno, depende el destino de todos», afirmó Alejandro Magno. Desde esa perspectiva, las pandemias que azotan a la humanidad hallan criaderos fértiles: descuidos personales, conductas egoístas, ignorancia, gobernantes sin conciencia de su papel… Y estos males, a su vez, son potenciados por la pobreza, la manipulación, la corrupción y la mezquindad.

Hoy cobra relevancia observar cómo actúan los verdaderos líderes ante la adversidad. ¿Cuáles de estas conductas identifica en su organización y en su propio proceder al dirigir personas?

Conocimiento e información. Es momento de invertir tiempo en obtener información veraz, en procurar datos útiles y de fuentes fidedignas. Es crucial trazar una línea de acción basada en proyecciones confiables y realistas. El realismo conduce a la adopción de decisiones sensatas.

Pensamiento disruptivo. Problemas nuevos requieren soluciones nuevas. Las personas líderes han de resguardar al máximo su serenidad mental y emocional para no ofuscar su imaginación. Se les necesita pensando «fuera de la caja» ante un desafío que viene sin manuales de solución.

«¡Estar presentes!» Para los trabajadores, en general, es relevante sentir la cercanía de sus jefes, aunque sea de manera virtual. Redoblar la dosis de empatía con quienes afrontan dificultades para sostener a sus familias es vital. Sin duda, recordarán más esa cercanía que los discursos.

Generosidad. «Si en su corazón no hay amor al prójimo, usted tiene la peor clase de problema cardíaco», expone Bob Hope. Las calamidades se enfrentan con recursos y, cuando estos son limitados, han de emplearse con sabiduría, «estirándolos» en pro del bien más amplio posible.

Valentía. ¿Conoce a alguien sin miedo? No lo busque, no existe. La resiliencia se robustece al enfrentar los temores: «Constantemente debemos construir diques de valor para contener el flujo del miedo», asegura Martin Luther King, Jr. Así, es una cualidad de quien inspira confianza.

Disciplina. Dirigir no es sinónimo de ser popular, implica tomar decisiones difíciles y marcar rumbos audaces. Es atreverse a ir contra corriente por el bien de la mayoría y de los que más lo necesitan. Las empresas no son democracias, alguien debe asumir el coraje de «ordenar la casa».

Integridad. Hacer lo correcto no siempre es fácil. Eso enaltece a los líderes, quienes, con sus decisiones, cuidan de la dignidad de los otros. Sin proponérselo, al ser leales a valores vivos, al ser congruentes y consecuentes se asemejan a imanes, a faros… atraen incluso a otros líderes.

La peor pandemia es la evasión de la responsabilidad… las demás se derrotan con solidaridad.

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