De adentro hacia afuera

En marzo del 2020, a sus 104 años, partió físicamente Dadi Janki, líder espiritual y directora de la Universidad Brahma Kumaris. Participé en varias conferencias de esta admirable mujer en la India. En medio de escenarios globales adversos, debido a la pandemia por COVID-19, repaso mis apuntes y adapto las lecciones de esta gran mentora a nuestra actitud personal frente las crisis.

El poder real para avanzar en las calamidades proviene de nuestro interior, no esperemos que llegue de afuera. Del contexto externo, se pueden importar formas sutiles de dependencia: relaciones, tenencias, hábitos y creencias que causan ansiedad y pesar cuando desaparecen o disminuyen. Apegos que, tarde o temprano comprenderemos, no necesitábamos en lo absoluto.

Las calamidades, afrontadas con consciencia, acrecientan la fe, la valentía y la determinación; transforman la manera de vernos a nosotros mismos y de ver las realidades. El ego, la presunción y la cacería de protagonismos se aquietan al encontrar un «para qué». Las desgracias desvisten verdades y falsedades, gracias a eso la energía se enfoca en navegar hacia un renovado puerto.

«Cuando se agita la superficie de un lago, deja de reflejar el cielo o las colinas que lo rodean. Si tratamos de mirar en él, no pasaremos de las ondas. El agua tendrá un aspecto turbio. En cambio, cuando está quieta, puedes ver las profundidades y, con un leve cambio de enfoque, también se puede ver la belleza reflejada desde arriba», sostiene Dadi. Si la calma interior y la tranquilidad prevalecen, las situaciones difíciles dejan de ser problemas para convertirse en oportunidades.

El aislamiento temporal que demanda una pandemia puede volverse el medio para aprender a viajar a nuestro «mundo interno». El silencio y el «autodiálogo» nos permitirían resignificar conceptos como «ser y tener», elegir entre vivir una vida compleja y agitada o una simple y serena. Y es en esas «pláticas íntimas» cuando aflora un impulso genuino de sumar en la vida de otros.

Un estado interior robusto convierte el miedo a lo que vendrá en confianza. Derriba los muros que impedían valorar en mayor medida el significado de las expresiones físicas del afecto, de la austeridad en la bonanza, de las experiencias sencillas entre amigos, de servir con humildad.

El reconocerse todos vulnerables humaniza el sitio de trabajo. El liderazgo y el compañerismo «desde adentro» son inseparables en la adversidad; sustituyen el egoísmo por la solidaridad, por el altruismo y por el sentido de comunidad. Las organizaciones en las que impera la codicia son la excepción, pues se valen del infortunio para acumular riqueza, sobresalir y fingir propósitos.

¿Cómo apoyar a los demás ante una calamidad colectiva? En los aviones suelen instruir: «En caso de emergencia, colóquese primero su propia mascarilla antes de ayudar a otros pasajeros a hacerlo». Igual, para Dadi, «La auténtica ayuda no significa simpatizar con el sufrimiento de los demás hasta el extremo de perder la propia felicidad. Ten cuidado al respecto. Nuestro deber es mantener un estado interior saludable constante, para que, sea cual sea el estado de los que nos rodean, nuestra influencia sea la más fuerte y la que les refleje su propia fuente de felicidad».

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