Efectividad personal: 80/20

La gestión acertada de equipos, la conducción exitosa de negociaciones, la dirección eficaz de reuniones, la resolución creativa de conflictos, así como otras interacciones con personas ―dentro y fuera de la organización― dependen, en parte, de la capacidad de autoobservación que se posea. ¿Qué tal si nos disciplinamos a practicar el método que denominaremos 80/20?

Es sencillo, en esos intercambios, un 80% de la concentración debe estar enfocada en la tarea que realizamos; el otro 20%, en la autoobservación de nuestro desempeño. Si mantenemos la mirada alerta, si reparamos atentamente en las actitudes que asumimos, las posturas y palabras que emitimos, sabremos si somos empáticos con quienes interactuamos en un momento dado.

El «20%» significa que en momentos claves podemos mirar sabiamente hacia nuestro interior para luego, desde ahí, ser capaces de hacer una adecuada lectura de nuestras emociones, de direccionar nuestra mente a observar qué hacemos y cómo nos conducimos al hacerlo.

Toma tiempo y esfuerzo adquirir esa disciplina, pero es necesaria; pues la falta de dominio de uno mismo se traduce en la pérdida de control de las situaciones. Esto se manifiesta de varias maneras: desconsideración hacia los demás, lenguaje corporal inadecuado, inteligencia emocional y empatía disminuidas. Agregue usted otras complicaciones que haya experimentado.

El «20%» implica respetar profundamente a aquellos con los que interactuamos. La atención plena en esa experiencia facilita «leer» el posible efecto de las palabras y gestos que empleamos. Ahora, si el ego exagerado es quien gobierna nuestras interacciones, poco importará ese impacto; por tanto, más tarde habrá escasez de cooperación, comprensión y conexión con ellos.

¿Cuántas veces la forma desvirtúa el fondo y las buenas intenciones? ¿Le ha ocurrido verdad? La autoobservación reduce el riesgo de perder de vista lo esencial, permite aprender sobre la marcha, cultivar la sensatez y rectificar a tiempo. Para Benjamín Franklin, mejor que decir una cosa correcta en el lugar correcto, es pensar en no decir algo incorrecto en un momento tentador.

Este buen hábito supone una apertura a la autocrítica, gestionar los errores con humildad y valorar los aciertos para potenciarlos. Eso sí, para que sea posible analizar cada situación con objetividad, la reflexión silenciosa y la introspección profunda deben estar exentas de prejuicios.

Conviene aplicar el «80/20» en tiempo real, convertirlo en un estilo de vida, en una forma de ser protagonistas y observadores de nuestras experiencias más relevantes. Sin embargo, siempre es recomendable hacerlo de manera retrospectiva, aplicándolo, incluso, a un corte transversal en el tiempo (meses o años) y extrapolar el aprendizaje conseguido al siguiente período.

La autoconciencia facilita reconocer y comprender el origen de las conductas, previene el desgaste mental y la somatización. Cuando no son bien entendidas ni gestionadas, estas y otras reacciones podrían requerir apoyo profesional. Así, el arte está en tomar conciencia de las emociones y de los pensamientos que realmente contribuyen a la efectividad de nuestro trabajo.

2 Responses

  1. Patricio Zumarraga Duque dice:

    Genial la metodología del 80 / 20 como podemos implementar este proceso el instituciones del sector público

  2. Rocío Cabezas dice:

    Gracias!

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