¿Teletrabajo, sobretrabajo o «TVtrabajo»?

«Disculpe la tardanza en el trámite de su consulta, es que ahora estamos en teletrabajo». ¿Le es familiar esa expresión? Ciertamente, hay tareas asociadas a la manipulación de documentos físicos que no deben salir de la sede de una organización, en tal caso cierta lentitud es comprensible. Pero ¿cómo entender la ineficiencia cuando los procesos son totalmente digitales?

El componente «tele» significa ‘a distancia’; el riesgo es que algunas personas asuman una emocional y laboral, que no sientan ‘cerca’ su compromiso ni su deber de rendición de cuentas. La situación se agrava cuando ciertos jefes también laboran en «telelejanía» y omiten darle seguimiento al cumplimiento de plazos, indicadores y metas; entonces, la marcha se ralentiza…

Ahora bien, hay personas que se valen de la modalidad de teletrabajo para añadir un matiz de distinción a su empresa, acelerando procesos y ofreciendo soluciones a los clientes en tiempo récord.Se esfuerzan con ahínco porque su profesionalismo no lo determina el lugar donde realizan su labor. Su actitud hacia el rol que ejerce es ética, congruente con su estilo de vida.

En otros casos, a las obligaciones laborales de quienes teletrabajan se suman, de manera simultánea, las familiares. Sus días se complican en exceso, con jornadas que se extienden hasta altas horas de la noche. Esto trae implicaciones serias en la organización de su hogar; peor aún si los jefes consideran que, por laborar en casa, les pueden asignar una lista inacabable de asuntos.

El sobretrabajo repercute en la salud mental, coloca en riesgo la estabilidad familiar y el vínculo con el cliente. Una buena práctica son los diálogos francos y periódicos —uno a uno, entre jefes y colaboradores—, procurando un justo balance entre los niveles de trabajo y la calidad de vida.

También hay personas que, carentes de sentido de responsabilidad, actúan en detrimento de sí mismas y de los clientes internos y externos. Tergiversan su estancia en casa, se ocupan en otras actividades, o simplemente están en modo «TVtrabajo»: viendo en la «tele» sus series favoritas.

En tiempos difíciles, es innegable, deben maximizarse los niveles de paciencia, flexibilidad y comprensión de todos los actores. Eso se logra con una dosis de éxito si se comprende que todo tiene un límite. Unos y otros pasan por períodos de aprendizaje y adaptación, ¡sí!, pero llega un momento en el que ni la crisis ni el teletrabajo justifican la inoperancia: ¡vasta lista de pendientes!

¿Cuáles buenas prácticas sirven para optimizar el teletrabajo?: 1) retroalimentación entre sus participantes (gerentes, colaboradores, clientes); 2) actualización del papel de la persona líder de equipos virtuales (capacitándola y evaluándola según las nuevas competencias); 3) combinación de teletrabajo y trabajo presencial (cuando sea posible y seguro) para nutrir la interacción social; 4) replanteamiento de los indicadores de gestión y de las reglas de empoderamiento.

La competitividad de las organizaciones depende, en gran medida, de su velocidad para innovar y conectarse —internamente y con sus clientes— en ambientes cada vez más virtuales. ¿Qué porcentaje de quienes «teletrabajan» en su organización lo hace de manera ética y competente?

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